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Por La Gran Epoca / el 16 de abril de 2009
Por seguir los principios de Verdad, Compasión y Tolerancia, él y su familia fueron acosados por el régimen comunista chino NUEVA YORK—Chen Teng es otra víctima más de los cientos de miles de personas que sufren persecución del partido comunista chino en la actualidad. Practicar una pacífica disciplina de auto cultivación y enseñanza moral basada en Verdad-Bondad- Tolerancia, lo puso a él y a toda su familia en la mira de un régimen despiadado.
Debido a la persecución de la policía, Chen se quedó sin hogar. Su madre fue arrestada en 2004, y nunca mas supo de ella, convirtiéndose así en otro nombre, en la larga lista dentro del vasto sistema de prisiones y campos de "reeducación por trabajo" del régimen chino.
En la actualidad, ya con 20 años, Chen no ha visto a su madre en más de seis años.
Recibió el estatus de refugiado de las Naciones Unidas y llegó a Nueva York el mes pasado. Es la primera vez, desde que tenía 11 años de edad, que ha podido hablar y practicar libremente sus creencias.
Con aspecto saludable en su rostro redondo, usando zapatos de baloncesto y un suéter, con la ayuda de un traductor, Chen remonta en su memoria esos dolorosos sucesos que enfrentó junto a su familia en China.
En China
"Mi madre se llamaba Sun Xiao Mei, y ahora tendría 47 años", dijo. "Ella siempre fue muy feliz. La gente la conocía por ser compasiva y porque disfrutaba ayudando a los demás. Estaba muy contenta de ser una buena persona y vivir según Zhen, Shan, Ren [Verdad, Compasión, Tolerancia]".
La madre de Chen fue maestra de Jardín de Infantes en la ciudad de Weifang, Provincia de Shangdong. Su padre los abandonó cuando él tenía tres años, quedando su madre y su abuela para criarlo.
En 1995, cuando tenía 7 años, él y su familia comenzaron a practicar Falun Dafa , un tipo de qigong (también llamado Falun Gong). Conocida por sus beneficios para la salud y por su enseñanza gratuita, la práctica de qigong fue ampliamente popular en China desde sus inicios.
La persecución
A medida que la práctica creció en popularidad, Jiang Zemin, el ex líder del partido comunista chino (PCCh), comenzó a verla como una amenaza a su poder. Cuando toda la violencia de la persecución comenzó, el 20 de julio de 1999, la madre de Chen fue una de las primeras en ser detenida. En ese momento, Chen tenía 11 años de edad.
Acompañado por su abuela, su tía, y un primo de cinco años de edad, fue a pedir su liberación a las autoridades de la provincia; la policía los interceptó en el camino. "Ellos intentaron obligarnos a subir a una camioneta, pero no les hicimos caso, entonces recurrieron a la fuerza y nos golpearon hasta que nuestros brazos y cuerpos quedaron moreteados", dijo Chen. "Me sentí horrorizado. Yo nunca había pasado por algo como eso".
Al día siguiente su casa fue saqueada por la policía. Temiendo por su seguridad, su abuela lo llevó a vivir con un pariente. Poco después, la policía detuvo a su abuela y su tía. El 28 de julio un tío suyo recibió una llamada telefónica, informándole que ambas estaban muertas. "Nunca nos dijeron la causa", dijo Chen.
Un mes más tarde su madre fue liberada y a Chen se le permitió permanecer con ella nuevamente. Se vieron obligados a mudarse y vivir hacinados en un departamento junto a la vivienda de un guardia. "Si salíamos o entrábamos de la casa podían vernos", comentó Chen.
No mucho después, la policía volvió, y esta vez arrestaron a Chen junto con su madre. Fueron detenidos e interrogados durante tres meses por la policía del Equipo Nacional de Seguridad, luego de cual fueron liberados.
Enfrentando interminables acosos por sus creencias, el 1 de octubre de 2000, Chen, su madre y otros casi 100 practicantes de Falun Gong fueron a Beijing, para apelar en la Plaza Tiannamen.
Más de 30 policías los atacaron, y también llegó personal militar armado con fusiles. Chen y su madre estaban entre la multitud cuando la policía trató de seleccionar a los practicantes de Falun Gong para arrestarlos.
Desde las inmediaciones, Chen y su madre vieron con horror los acontecimientos que siguieron.
"Me sentí muy asustado. Estaba llorando ", dice Chen. "Nunca vi a la policía golpear tan severamente a los practicantes. Incluso sus zapatos volaban, fue tan brutal".
"Ellos también golpearon a los niños. Los niños lloraban ", siguió Chen. "Después los obligaron a entrar a los coches policiales y se los llevaron".
Aunque él y su madre escaparon, la policía sabía que habían estado allí. Poco después de regresar a su casa, la policía detuvo a su madre nuevamente. Chen estaba en la escuela cuando esto sucedió. "Después de regresar de la escuela, traté de encontrar a mi mamá y esperé que volviera. No podía encontrarla", dijo Chen.
Él pidió alojamiento en casa de amigos de la familia; un mes después su madre fue puesta en libertad. La policía trató de obligarla a firmar un documento renunciando a sus creencias, pero ella se negó. Por lo que la obligaron a vivir vagando sin hogar. Se fue sola, dejando a Chen con sus amigos.
La policía hostigó sin cesar a la gente con la cual se alojaba, preguntando por el paradero de su madre. Al estar bajo constante presión, no pudieron dejar que Chen permaneciera con ellos por más tiempo. En febrero de 2001, su madre lo encontró como ella, sin hogar y organizaron reunirse en un lugar secreto.
Nevaba en ese momento, sin embargo, la única ropa que Chen tenía era un delgado uniforme escolar.
Sin hogar
A medida que continuó la persecución en contra de los practicantes de Falun Dafa, los medios manejados por el PCCh, transmitían regularmente propaganda fabricada para poner al país en contra de la práctica, y de los que creían en ella. Por esta razón, Chen y su madre se encargaron de explicar la verdad a la gente.
Un año después, en 2002, la madre de Chen fue detenida y enviada a una instalación de lavado de cerebro, un lugar conocido por el terror que inspiraba. Él sabía por los demás lo que ocurría allí. “Videos y audios son reproducidos día tras día; a veces suenan muy fuerte, a veces reina el silencio”. "Los guardias presionan para que uno renuncie a sus creencias, mientras la propaganda comunista invade todos tus sentidos. Ahí ellos no usan torturas físicas, persiguen tu espíritu", agrega Chen.
Su madre se negó a someterse e inició una huelga de hambre. Cuando finalmente fue liberada había adelgazado hasta los huesos. "Ella no podía caminar normalmente y se tropezaba", dijo. "Pero se recuperó rápidamente haciendo los ejercicios de Falun Gong, quedó bastante bien."
Las cosas estuvieron bien durante un corto tiempo, pero en 2004 su madre fue secuestrada por última vez. "Nunca mas la volví a ver", dice Chen, con lágrimas en los ojos.
Después de eso la vida fue difícil. Chen se quedó con otros tres practicantes de Falun Dafa que se encontraban en su misma situación. Uno de ellos, un ex oficial, fue detenido. Después de esto partieron cada uno por su lado.
Sin lugar a dónde ir, Chen regresó a su antigua casa, que se encontraba abandonada. "Cuando abrí la puerta había ratas en su interior, y aún quedaban señales de cuando la policía la registró", recuerda.
La casa aún estaba siendo vigilada, y con el fin de mantener su paradero desconocido, sólo iba a dormir; llegaba tarde por la noche y salía temprano en la mañana.
En esta situación tan desesperada, Chen se convenció en su corazón de escapar de China. Con mucha dificultad pudo obtener un pasaporte, y con la ayuda de amigos obtuvo un pasaje de avión a Tailandia, donde solicitó el estatus de refugiado de Naciones Unidas.
El 26 de marzo de este año, llegó a su destino final, Nueva York.
Unas últimas palabras
Chen pidió transmitir un mensaje final: “Tan sólo en mi ciudad natal, se confirmó que 108 practicantes de Falun Gong fueron perseguidos hasta la muerte. El año pasado, antes de los Juegos Olímpicos, la policía detuvo aquí a más de 160 practicantes".
"Espero que toda la gente del mundo ayude a detener la persecución a Falun Gong en China"; "que la persecución termine" pidió.
"Anteriormente, el PCCh perseguía a Falun Gong abiertamente, ahora lo hace muy secretamente. Esto es aún más grave, porque se han vuelto aun más astutos. En la superficie el PCCh no habla muy a menudo de la persecución a Falun Gong, pero en realidad persigue a Falun Gong muy en serio", añadió.
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