Desde México: cómo se vive la epidemia de la gripe porcina

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Por La Gran Epoca / el 27 de abril de 2009

Las características del virus le confieren un peligroso potencial pandémico

México, D.F. - El jueves 22 de abril se confirmó oficialmente lo que había sido sólo un rumor: el brote de una epidemia de influenza o gripe porcina en la ciudad de México y en el aledaño Estado de México -Distrito Federal y la zona conurbana, el Valle de México- una de las concentraciones de población más grandes del mundo con 16 millones de habitantes.

Es conocido ya que se trata de una mutación considerada en extremo peligrosa y por eso la OMS, en voz de Margaret Chan, ha hablado de su potencial pandémico.

Las autoridades federales y del Estado de México (el Presidente Felipe Calderón y el Gobernador Enrique Peña Nieto) han tomado medidas de emergencia, mientras que el Gobierno de la Ciudad (el Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard) pareció asumir una actitud más bien moderada, “menos alarmista” (actitud que ha ido modificando y ya expuso la posibilidad de cancelar todo tipo de actividad pública en la Ciudad).

Sin embargo, a pesar de las apariencias (algunos corresponsales extranjeros, con una visión sesgada por algunos pocos lugares, han reportado un movimiento normal en restaurantes y plazas públicas), una ola de pánico recorrió la ciudad de México y el ambiente se ha ido convirtiendo en el de una verdadera emergencia.

Las cifras oficiales hasta ahora (1,300 enfermos hospitalizados y 80 fallecimientos) se confrontan con rumores amarillistas entre la población.

Las clases se han suspendido en todo el sistema escolar. Impresiona ver a los soldados del Ejército mexicano repartir cubre bocas en cruces de avenidas importantes, las cuales de todos modos lucen en general desoladas.

Los templos católicos suspendieron las misas de este domingo, hecho muy impactante si se toma en cuenta que México, junto con Polonia, es uno de los países más católicos de la Tierra. Sólo existe un precedente parecido, el de templos cerrados durante la persecución religiosa de 1929. Ahora los curas llaman a seguir la misa por radio y a que las familias recen para que pase este peligro.

Los cines, que en este caso son riesgosos –pues este tipo de locales cerrados cuenta con sistemas de aire acondicionado los cuales pueden esparcir el virus entre los espectadores si alguno está contagiado y estornuda- abrieron de todos modos el sábado, demostrando que el afán de ganancia no toma en cuenta las emergencias . Sin embargo, las autoridades los obligarían a cerrar.

Los cines, centros comerciales y restaurantes han sido muy poco visitados, pues la gente en general se está recluyendo en sus casas.

Un dato ha preocupado a autoridades y especialistas, es el hecho de que el virus ataca preferentemente a personas jóvenes y maduras, no a los grupos más vulnerables de niños y ancianos. Esto despierta la memoria de la pandemia de 1918-1919 que arrancó la vida a millones de personas de estas características por todo el mundo.

En México, la influenza –en ese tiempo llamada gripe española- provocó cientos de miles de muertes y algunos historiadores comparan el número de víctimas con el de los caídos en los campos de batalla de la Revolución desatada en 1910.

Las esperanzas están depositadas ahora en la eficacia de algunos antivirales y, sobre todo, en que las medidas de emergencia controlen la crisis y el brote epidémico no se expanda de manera geométrica. Y en cierta forma quienes rezan tienen razón, pues no le vendría mal la ayuda Divina a los mexicanos.

 

 
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