Zhongnanhai: a diez años de la apelación que derivó en pesadilla

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Por Genevieve Long / el 26 de abril de 2009

La manifestación de practicantes de Falun Gong en 1999 sirvió de excusa para iniciar la supresión más violenta de la historia actual

China era un país diferente cuando, el 24 de abril de 1999, Jinying Gao tomó un tren hacia Beijing desde su ciudad natal, en la provincia de Liaoning.

Gao, quien practica Falun Gong desde 1994, puso en marcha una misión de fe con poco más que una camisa en su espalda para un viaje de seis horas hasta la capital de su país. Con su esposo, también practicante, a su lado, llegaron a Beijing en medio de la noche. Miles de practicantes de Falun Gong también esperaban el amanecer en la estación de tren.


Los viajeros, cuyo número eventualmente subió a 10.000, llegaban de todos los rincones de China. Apelaban al régimen central por el caso de 45 practicantes de Falun Gong encarcelados en la ciudad de Tianjin, arrestados y golpeados después de días de apelaciones por un artículo difamatorio sobre Falun Gong en una revista juvenil.

“En China, los medios bloquearon las noticias [de los arrestos]”, recuerda Gao, de 64 años de edad, 17 meses después de haber escapado hacia los EE.UU.

Falun Gong es la práctica de qigong más popular en China. Hacia 1999 se estimaba que entre 70 y 100 millones de chinos estaban practicando. Pero en la China de hace diez años, al igual que hoy, ser popular en la sociedad era sospechoso para el partido comunista.

Tres años antes, el partido comunista chino (PCCh) y el entonces líder, Jiang Zemin, comenzaron a ver a la popularidad de Falun Gong como una amenaza. El Beijing Youth Daily había catalogado al principal libro de la práctica, Zhuan Falun, como el mejor vendido en 1996. No mucho tiempo después, el régimen emitió un aviso en toda la nación que prohibía la distribución de todas las publicaciones de Falun Gong.


Durante esos años, hubo otros problemas que eventualmente llegaron a una verdadera persecución organizada por el Estado. Varios medios de comunicación controlados por el régiimen central comenzaron a transmitir y a publicar informes negativos sobre Falun Gong. Noticias del Diario Guangming de 1996 y de la Televisión Beijing en 1998, difamaban directamente a Falun Gong.

A pesar de las crecientes restricciones y ataques de los medios, la práctica continuó creciendo en popularidad.

“Falun Gong es tan bueno, después de comenzar a practicar me beneficié mental y físicamente, me sentí muy, muy feliz”, dice Zhenyu Jin, quien también viajó a Beijing en abril de 1999 para apelar. “Sabía cómo ser una buena persona y mi familia se volvió armoniosa”.

Las peticiones de los practicantes en Beijing tenían básicamente, tres objetivos principales, que eventualmente pudieron comunicar al entonces primer ministro Zhu Rongyi.

“Queríamos decirle [al régimen] la verdad sobre Falun Gong”, comenta Gao. “También, que permitieran la publicación de los libros [de Falun Gong] y que liberaran a los practicantes de Tianjin”.

 
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