Carta abierta del Vicepresidente del PE Edward McMillan-Scott al Secretario General de la ONU

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Por Edward McMillan-Scott / el 30 de abril de 2009

En el décimo aniversario de la persecución a Falun Gong en China

Su Excelencia Ban Ki-moon

Secretario General

Naciones Unidas

Nueva York, 25 de abril de 2009

 

El día de hoy se cumplen diez años de la persecución más sistemática que haya existido hacia un grupo desde la persecución nazi a los judíos. En calidad de vicepresidente del Parlamento Europeo y el miembro más antiguo de su Comisión de Asuntos Exteriores, en los últimos tres años he hecho campaña con el objetivo de atraer la atención hacia la persecución brutal y sistemática del régimen chino contra los practicantes de Falun Gong, un movimiento espiritual basado en la escuela de Buda que llegó a tener entre 70 y 100 millones de seguidores. Ellos han sido perseguidos simplemente porque Falun Gong es popular, por el régimen más paranoico, brutal y arbitrario en la historia del mundo, un régimen que exterminó a 70 millones de su propio pueblo, de los cuales 38 millones murieron debido a una hambruna deliberadamente producida.

Me dirijo a usted para instarlo a iniciar una investigación sobre el proceso sistemático de encarcelamiento sin juicio previo, el aumento de la tortura y el asesinato de miles de personas inocentes debido a la tortura. Esto va más allá de la inhumanidad del hombre hacia el mismo hombre: esto representa un genocidio, según el artículo 2 de la Convención contra el genocidio. El período de la impunidad ha llegado a su fin, y quienes saben lo que está ocurriendo en China esperan que usted haga algo al respecto.

Tal como lo dijera el juez Felix Frankfurter de la Corte Suprema de Estados Unidos en 1942 después de que el polaco Jan Karski relatara lo que estaba sucediendo en los campos de concentración nazi: “No he dicho que este joven esté mintiendo. He dicho que no puedo creerle. Hay una diferencia”. Señor Secretario General, existe una gran cantidad de evidencia sobre el genocidio en China, si tan solo pudiera echarle un vistazo o escuchar a los relatores especiales sobre la tortura y la libertad de creencia de las Naciones Unidas.

Falun Gong es un movimiento espiritual y de meditación que sigue las creencias tradicionales chinas de que el ser humano está conectado al universo a través de la mente y el cuerpo. El partido comunista chino lo describe como ‘secta’, pero el derecho internacional sugiere que una ‘secta’ incluye obligación financiera, enajenación de la familia, organización disciplinada, lavado de cerebro, comportamiento antisocial, etc., ninguno de los cuales aplican a Falun Gong. Como todo grupo de chi-gong (ejercicio espiritual), Falun Gong tiene un ‘maestro’ cuyo libro de ejercicios publicado en 1992 representa el único compromiso financiero para la mayoría.

Mi campaña comenzó en mayo de 2006, cuando fui a China en una misión de exploración en preparación para un informe sobre los derechos humanos y democracia para la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo. En Beijing, con gran riesgo para ellos, entrevisté a dos ex prisioneros, los practicantes de Falun Gong Cao Dong y Niu Jinping. Posteriormente Cao Dong fue arrestado y condenado por ‘reunirse con un extranjero distinguido’. Lo enviaron a la prisión de Tianshui, y lo torturaron para que renuncie a sus creencias religiosas y confesar la reunión que tuvo conmigo. Niu Jinping solicitó mi atención hacia el caso de su esposa, Zhang Lianying, quien había estado en el Campo de Trabajos Forzados de Mujeres de Beijing desde junio de 2005, y que fue tan severamente torturada que en abril de 2007 cayó en coma. Más tarde fue nuevamente encarcelada como parte de la redada preolímpica de Beijing.


Otro de mis contactos fue el abogado cristiano de derechos humanos Gao Zhisheng, a veces llamado ‘la conciencia de China’, quien representara a varios practicantes de Falun Gong luego de investigar sobre la persecución en 2005. Muy conocido en China por denunciar públicamente al régimen, especialmente su corrupción, en septiembre de 2007 escribió una carta abierta al Parlamento Europeo a través mío y otra al Congreso de los Estados Unidos. Luego lo condenaron a prisión bajo el cargo de “subversión”. Luego de haber sido liberado temporalmente en arresto domiciliario, fue nuevamente encarcelado y en 2008 fue torturado con tal severidad que en dos ocasiones intentó suicidarse. Luego de que su esposa e hijos escaparan hacia Estados Unidos a través de Tailandia en enero de 2009, Gao fue secuestrado por fuerzas de seguridad y al momento su paradero es desconocido.

Hu Jia, amigo de Gao y activista ambiental, fue otro de mis contactos que fue arrestado y encarcelado en 2008 luego de brindar evidencia por teléfono al Comité de Derechos Humanos del Parlamento Europeo. Posteriormente el Parlamento Europeo le otorgó el premio Sakharov por la libertad de expresión. La revista Time nombró a la esposa de Hu Jia, Zeng Jinyan, como una de las 100 personas más importantes del mundo por sus blogs en apoyo a las actividades de Hu Jia.

Estos son solo unos cuantos ejemplos de los miles que demuestran el grado de paranoia del régimen comunista contra cualquier actividad que pudiera amenazar o desestabilizar al partido.

El 25 de abril de 1999, 10.000 practicantes de Falun Gong pasaron un día protestando pacíficamente en Beijing por la brutalidad policial hacia unos practicantes de la ciudad de Tianjin: gente que estuvo ahí me contó que es casi seguro que este evento fue organizado por las fuerzas de seguridad para justificar la persecución que comenzó luego.

Los practicantes de Falun Gong generalmente son encarcelados bajo ‘detención administrativa’ sin juicio previo: a menudo se niegan a dar sus nombres para proteger a sus familias. Como miembros de una ‘secta malvada’ prohibida, son particularmente maltratados, frecuentemente a manos de otros prisioneros e incluso otros practicantes de Falun Gong que han renunciado (para demostrar su rechazo a la práctica). Los ex prisioneros que he conocido, habiendo renunciado ipso facto, sufrieron una privación total del sueño durante varias semanas, luego fueron obligados a permanecer de pie e inmóviles durante varios días en los que se los pinchaba con objetos puntiagudos para mantenerlos despiertos, seguido de maltratos cada vez más brutales, incluyendo descargas eléctricas –siempre inclusive en los genitales-, excrementos y golpizas en general. Zhang Lianying, quien estuvo en coma, me escribió una lista de los 50 métodos de tortura que sufrió, la cual envié a los relatores especiales de Naciones Unidas sobre la tortura y la libertad de creencia, el Dr. Manfred Nowak y la Sra. Asma Jahangir, con quienes me he reunido en varias ocasiones:

http://www.boycottbeijing.eu/resources/Nowak+and+testimony+080708.pdf

Manfred Novak cree que unos dos tercios de quienes se encuentran dentro de las prisiones chinas de ‘reeducación mediante el trabajo’, las cuales siguen el modelo de los gulag de la Unión Soviética, son practicantes de Falun Gong. En su testimonio este año ante el Congreso de EEUU, el Sr. Harry Wu, un ex prisionero y actualmente director del Centro de Investigación Laogai en Nueva York, estima que hay unos 900 de dichos campos en los cuales hay entre 3 y 6 millones de encarcelados. Falun Gong fuera de China mantiene contacto con prisioneros y lleva registros de las torturas y los torturadores en los casos en que alguno puede ser identificado: existen registros de más de 3.000 practicantes que han sido torturados hasta la muerte desde 1999.

De particular preocupación es que solamente a los practicantes de Falun Gong –que no beben ni fuman– les hacen rutinariamente exámenes de sangre y de presión en las prisiones: esto no es por su bienestar. De este modo ellos se transforman en la fuente principal para el lucrativo comercio de trasplantes de órganos vivos del Ejército Popular de Liberación: más de 40.000 trasplantes adicionales e inexplicados han sido registrados recientemente en China desde 2001. Aunque el uso de órganos de prisioneros ejecutados ha sido una rutina en China (solamente en una provincia hay 16 buses especialmente transformados para la evisceración) muchos creen, al igual que yo, que prisioneros vivos de Falun Gong son apresados por sus órganos. De hecho, Cao Dong me dijo que después de que su mejor amigo desapareció una tarde de su celda, luego vio su cuerpo en la morgue con agujeros donde sus órganos habían sido removidos.

Diez años después, la campaña de represión brutal contra Falun Gong –que en un momento fue promovido por Beijing por el bienestar que experimentaban sus adherentes– no muestra signos de debilitarse. Desde mi punto de vista, la persecución de Falun Gong equivale a genocidio según lo define el Artículo 2 de la Convención sobre la Prevención y el Castigo del Crimen del Genocidio:

“cualquiera de los siguientes actos cometidos con el intento de destruir, completamente o en parte, un grupo nacional, étnico, racial o religioso, tales como: Matar miembros del grupo; Causar severo daño físico o mental a los miembros del grupo; Infligir deliberadamente en el grupo condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física en su totalidad o en parte”

Es claro que Falun Gong es para el régimen comunista lo que los judíos eran para la Gestapo. Aunque millones en los gulag murieron de hambre, no por tortura y aniquilación sistemáticas como en la China de hoy.

En su capacidad como Secretario General de las Naciones Unidas, y en este décimo aniversario, lo insto a tomar acción para poner fin a esta persecución a Falun Gong en China.

 

 

 

 
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