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Por Mary Silver / el 24 de mayo de 2009
David Xie revela detalles de lo que el régimen en China ha tratado de ocultar al mundo libre ATLANTA—David Xie coloca cuidadosamente unos caballetes para exhibir algunas fotos sobre el amplio césped frente a Stone Mountain. Las imágenes muestran a personas practicando los ejercicios de Falun Gong en China, de pie con sus brazos suavemente curvados, meditando con las piernas cruzadas en el suelo y hasta formando caracteres chinos en grupos de cientos de personas.
Falun Gong, también conocido como Falun Dafa, es una meditación y práctica espiritual que se esparció rápidamente en China en los '90. Xie y otros se reunieron para celebrar el Día mundial de Falun Dafa. Era un caluroso y soleado sábado. Xie entregaba con una sonrisa folletos a las personas, preparado para explicar la práctica. Su comportamiento tranquilo es la antítesis del horrible trato que vivió en su China natal.
Después de que el régimen comunista en China comenzó a perseguir a los practicantes de Falun Gong lanzando un ataque relámpago en los medios para difamar la práctica, Xie y otros practicantes en Beijing trabajaron duramente para intentar contarle al resto del mundo lo que estaba pasando. Imprimieron información de páginas de internet en el exterior que revelaban lo que sucedía en China y lo distribuyeron. Xie escribió: "nuestro trabajo entonces fue contar a las personas la verdad sobre Falun Gong y la situación de que sus practicantes están siendo perseguidos por el régimen y que muchos fueron asesinados bajo custodia policial. Creemos que si todas las personas conocen la verdad, entonces la persecución se detendrá".
Xie estuvo cerca de la muerte. El 4 de diciembre de 2001, policías de civil lo raptaron en una calle central de Beijing. Lo golpearon tan severamente que tuvo moretones hasta dos días después. Hasta el 24 de enero de 2004 fue torturado, privado de alimento, amenazado y confinado al aislamiento. El propósito era que revelara nombres y direcciones de todos los demás practicantes que habían descargado y distribuido lo que ellos llamaban "material de la verdad". Fue también para que renunciara a la práctica espiritual, firmando un papel en el que prometería no meditar ni ejercitar otra vez.
"El dolor que sufrí fue simplemente intolerable e indecible", comentó en una declaración. Pero nunca reveló los nombres ni firmó los papeles de renuncia. Por medio de un traductor dijo que pudo aguantar porque sabía que todo lo que decía el régimen comunista era mentira. Él sabía por propia experiencia que Falun Dafa es bueno. Dijo que su fe no era un sentimiento emocional sino una comprensión racional.
Sus captores lo torturaron repetidas veces hasta dejarlo en condición crítica. Quedo incapacitado para caminar después de permanecer atado a una cama durante ocho meses. Tres años más tarde fue liberado y solicitó una visa en su ciudad natal, Shanghai. Llegó a Atlanta, donde vive con otros dos practicantes de Falun Gong quienes también sobrevivieron la detención ilegal. Escogió Atlanta porque tenía contactos allí que lo requerían para hacer negocios. En esta hermosa tarde de primavera, estaba al aire libre haciendo lo que se negó a renunciar. Practica Falun Gong y ofrece a las personas "material de la verdad".
Xie cuenta su historia sin resentimiento. Se ve sano y fuerte, cómodo entre la multitud. No tiene arrepentimientos. Si de algo se compadece es de los que no se mantuvieron firmes. Si ellos cedieron ante el lavado de cerebro: "sufrieron un tormento espiritual tremendo. Ese dolor fue realmente más brutal que la tortura física. Duele diez o aún cien veces más".
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